No hay plazo para exigir justicia cuando el silencio fue impuesto por el poder y el miedo, la sentencia que dignifica a Sasha Sokol marca un antes y un después para las víctimas.
Nací en los ochenta, por lo que crecí escuchando a Timbiriche. Me encantaba el papel de niña buena de Sasha, era mi favorita. Un día, dejó de ser parte del grupo; se escuchaba que, por drogadicta, problemas de alimentación y porque andaba con el productor del grupo.
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En el año 2022, Sasha rompió el silencio en redes sociales al denunciar haber sido abusada por Luis de Llano cuando ella tenía solo 14 años y él 39. La gravedad del testimonio se intensificó cuando el propio productor, en una entrevista, confirmó haber sostenido una relación con la menor durante casi cuatro años. Sasha mencionó en sus quejas que la relación fue "ilícita y asimétrica por la diferencia de edad y el rol jerárquico que ejerció", haciendo hincapié en la posición de poder de Luis de Llano como productor de Timbiriche.
Durante décadas, en México se naturalizó el abuso, se aplaudieron las relaciones entre adultos poderosos y niñas adolescentes bajo el velo del “amor”. En la televisión, en política, en los medios, en los escenarios, vimos a jovencitas enamoradas bajo la tutela y el control emocional, profesional y hasta afectivo de hombres adultos que eran socialmente celebrados. Lo que hoy llamamos grooming o violencia simbólica, antes se disfrazaba de mentoría.
La normalización de lo inadmisible es parte de un sistema patriarcal que no solo sexualiza la adolescencia femenina, sino que difumina los límites entre afecto, control y abuso. Esta forma de entender las relaciones fortalece la idea de que las mujeres debemos ser moldeadas por la autoridad masculina, incluso desde la infancia. Infantilizar a las mujeres ha permitido mantenerlas en una posición subordinada, dependiente y manipulable. Es una estrategia de control simbólico y material que nos quita la independencia y permite el abuso.
Este junio de 2025, la Suprema Corte de Justicia de la Nación le ha dado la razón a Sasha Sokol. La Corte fue clara: en los casos de abuso sexual infantil, el daño moral puede reclamarse sin límite temporal, porque las víctimas necesitan tiempo para entender que lo que vivieron fue violencia.
Este fallo, que condena a Luis de Llano a disculparse públicamente, pagar una indemnización y abstenerse de seguir revictimizando a Sasha, es un precedente histórico para todas las víctimas de violencia sexual infantil. No se trata solo de castigar al agresor. Se trata de reconocer el derecho al tiempo, a la verdad y a la dignidad. Se trata de entender que el silencio no es consentimiento, que el miedo paraliza, y que muchas veces, la víctima tarda años, incluso décadas, en tener las palabras, la fuerza y el contexto para nombrar lo vivido.
Esta sentencia fortalece la lucha feminista, ya que visibiliza el grooming y relaciones asimétricas, reconoce que una menor puede ser manipulada emocionalmente por un adulto con poder, y que eso constituye abuso, no romance; valida el valor de recuperarse emocionalmente y denunciar sin culpa; permite que víctimas cuya vida fue dañada muy joven, pero que no denunciaron a tiempo, puedan buscar reparación, literalmente se abre un camino legal que antes estaba cerrado y rompe con la impunidad estructural.
Esta sentencia es un acto de justicia que toca al corazón de nuestra cultura. Nos obliga a revisar lo que celebramos, lo que callamos y lo que permitimos. Nos exige una nueva ética de los afectos y del poder. Y sobre todo, nos recuerda que la infancia no se toca, no se seduce, no se negocia.
Esta sentencia, representa un llamado a visibilizar historias que durante generaciones han permanecido ocultas. No se trata de abrir viejas heridas, sino de permitir que cada mujer, sin importar su edad o la antigüedad del daño, pueda acceder a la verdad, a la reparación y a su propia dignidad.
Hoy, gracias a la lucha de muchas mujeres y al fallo de nuestro máximo tribunal, se fortalece el horizonte jurídico feminista: sin miedo, sin vergüenza y sin más silencios impuestos por el poder.