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Lo que vimos la semana pasada en medio de la bacanal que se autogestionó la Senadora Ana Lilia Rivera, es sin duda la clara muestra de cantar victoria sin tenerla.
¿El objetivo?
Quizá los estrategas intentan generar percepción, de lo cual no los culpamos, pues la percepción en política cuenta y cuenta mucho, pero el único defecto de la percepción es la cruel realidad.
Veamos.
La senadora se auto realizó un nuevo mitin ahora con el nombre de “Convención Tlaxcala” que no es otra cosa que una nueva violación a la ley electoral de la que tanto se queja de su adversario Alfonso Sánchez García.
De igual forma divulgó una encuesta realizada por la marca Enkoll donde prácticamente Lorena Cuéllar deberá entregar la estafeta del Gobierno de Tlaxcala.
¿Entonces para qué hacemos elecciones?
Pero más allá de esos festejos, la Senadora mareada de poder se perdió en los cánticos de la victoria sin antes tenerla.
Y es que la si algo tiene la historia, es la enseñanza que nos dejan escenarios como el que estamos observando en el pequeño laboratorio electoral de Tlaxcala, donde ejemplos como Carlos Lomelí en Jalisco, Omar García Harfuch en Ciudad de México y hasta Ignacio Mier en Puebla, nos recuerdan que la cuna de la nación no tiene nada escrito ni porque insistan en imponer una narrativa.
La percepción de ganadores se cruza con la operación política de grupos, los intereses nacionales y demás factores, pero sobre todo el trabajo de estructuras en tierra, y es aquí donde la necia realidad se impone.
Carlos Lomelí actual senador de la república fue candidato a la gubernatura 2018 gracias a la cercanía con Andrés Manuel López Obrador, su selección como candidato se debió principalmente por el capital económico que inyectó al tabasqueño en los años donde AMLO comenzó su tercera carrera presidencial. En dicha elección Lomelí Bolaños perdió frente a Enrique Alfaro. La ola obradorista no fue suficiente para llevar al Doctor Lomelí a Casa Jalisco. De ahí le dieron cargos de diputado federal y delegado del bienestar para nuevamente intentar ser candidato en 2024, sin embargo, pese al conocimiento y posicionamiento de la marca, el doctor no fue bendecido con la candidatura. Fue la priista transformada en morenista Claudia Delgadillo quien se impuso pese a que nunca encabezó ninguna encuesta.
Omar García Harfuch es el mejor ejemplo de encabezar absolutamente todo para no quedar en nada.
Las encuestas lo posicionaron en 2024 como el virtual jefe de gobierno y así principal presidenciable en el 2030.
Lideraba las encuestas.
No había oponente enfrente.
Pero el dedo de Tabasco se impuso para enviar a Clara Brugada pese a que no se acercaba ni de chiste al Batman chilango.
Sheinbaum lo rescató con una senaduría plurinominal pero ni eso dejaron ser a Harfuch pues se lo llevaron a la Secretaría de Seguridad Ciudadana donde tampoco puede brillar al tener al corrupto ejército como enemigo interno, pero esa es otra historia.
Por último, un claro ejemplo de que construir percepción no es garantía de obtener la nominación.
El caso en Puebla de Ignacio Mier Velazco ‘Nacho’, es un buen ejemplo para construir ‘percepción’ con medios de comunicación alejados del círculo del poder con la llegada de la 4T a los gobiernos estatales.
Nacho Mier mandó y mandó encuestas a diestra y siniestra.
Realmente generó una percepción de ser el próximo gobernador de Puebla, pues las encuestas lo colocaban como virtual candidato usando como trampolín la tribuna del legislativo.
Igual se sentaba con políticos para ya comenzar a repartir el pastel sin antes llegar el cumpleaños.
Varios operadores ya se veían despachando en las dependencias, varios medios de comunicación ya se veían recuperando los jugosos convenios que la misma 4T les había quitado, pero se olvidó del territorio, donde realmente se hace la operación política.
Olvidó las reuniones con comités, con operadores finos, con funcionarios que ya saben para qué es el poder, con alcaldes que de igual forma buscaban la reelección. Caso contrario fue lo que hizo su entonces oponente Alejandro Armenta Mier.
Armenta se dedicó a recorrer territorio, las pocas encuestas donde lo colocaban a la cabeza eran peluseadas por los medios de comunicación, principalmebnte digitales, pues la percepción de que Ignacio Mier sería el elegido de AMLO para Puebla era casi incuestionable, sin embargo, se impuso la necia realidad.
Alejandro Armenta se coló en los comités morenistas, tejió alianzas, dejó de grillar y se dedicó a convencer no solo a morenistas, sino a otros que le pudieran sumar estructura y no encuestas.
El resto de la historia ya la sabemos.
Estos 3 ejemplos nos recuerdan que en política nada está escrito, hasta que está escrito.
Bien haría Ana Lilia en leer estas líneas porque así su eventual cepillada le dolería un poco menos en caso de que otra vez no sea la nominada del poder de la 4T, porque eso que dice de que ‘será el pueblo quien decida’ es sólo una leyenda electoral.