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Hay frases que buscan abrir caminos… y otras que evidencian que el terreno ya está inclinado.
Cuando Ana Lilia Rivera Rivera afirma que “el pueblo dará el piso parejo para la designación de la candidatura a la gubernatura”, más que proyectar certidumbre, parece dibujar una escena donde la igualdad es aspiración, no realidad.
El calendario avanza hacia el 22 de junio, fecha marcada por el propio Comité Ejecutivo Nacional de Morena para definir reglas claras rumbo a la contienda interna.
Sin embargo, en los hechos, la competencia parece haberse adelantado, porque las encuestas recientes colocan a la senadora en una posición desfavorable y revelan una tendencia difícil de revertir, su comunicación no está logrando compensar la percepción ciudadana.
Ahí está el caso de Alfonso Sánchez García, quien encabeza las preferencias, también aventaja en rubros clave como cercanía con la gente y preparación, según datos de CE Research.
La senadora, en contraste, parece atrapada en una paradoja, mientras sus palabras apelan a la equidad y al respaldo popular, los números sugieren un deterioro en su imagen pública, es como intentar encender una fogata con promesas cuando la leña, el trabajo territorial, la conexión directa, la presencia constante, escasea.
Si algo definirá los procesos internos de Morena es precisamente la importancia del “territorio”, ese espacio donde las simpatías no se declaran, se construyen, y en ese terreno, la percepción es contundente, no basta con invocar al pueblo, hay que habitarlo, recorrerlo y, sobre todo, convencerlo.
De cara al 22 de junio, la pregunta no es si habrá reglas claras, sino si éstas llegarán a tiempo para equilibrar una contienda que ya muestra una ventaja definida.