Oh Chile, largo pétalo/de mar y vino y nieve,
ay cuándo /ay cuándo y cuándo
ay cuándo /me encontraré contigo,
enrollarás tu cinta / de espuma blanca y negra en mi cintura.
Neruda
No, no es comparable la situación de México y Chile, pero, peligrosamente, empezamos a compartir un rasgo en común: la polarización.
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En el caso de Chile, producto, en primer término, de la unidad popular, aunque Allende nunca se hubiera atrevido a un discurso como los de López Obrador y Sheinbaum, por la única razón del cimiento democrático que tuvo ese país hasta la dictadura.
Después, por el desgarramiento que sufrió la sociedad chilena a manos de la dictadura. Me imagino que no fue fácil reconstruir la vida democrática y el tejido social en ese país, y de una forma u otra, se mantuvo con alfileres después del pinochetismo, máxime por la debilidad de su Estado de bienestar.
Extrañamente, el rechazo a la propuesta constitucional de Gabriel Boric refleja los descalabros y paradojas, inherentes a toda democracia. El triunfo de José Antonio Kast es un aviso de lo que puede ocurrir aquí, y ya está ocurriendo en todo el mundo.
En concreto: que sea la 4T, y no un complot internacional, la que esté pavimentando el camino a la ultraderecha mexicana. La ineptitud, corrupción, violencia que vive el país por responsabilidad de la 4T, y ese discurso autocomplaciente, estigmatizador de toda diferencia, están abonando el camino para lo peor.
Independientemente de las reformas estructurales de Allende, la sociedad chilena fue dominada por un sentimiento de incertidumbre, legitimando el golpe de estado. Algo similar ocurrió en la Argentina: el caos que imperó en esa sociedad, abrió las puertas de la dictadura.
Si lo comparamos, con esas sociedades, el sentimiento de vulnerabilidad de la sociedad mexicana es mucho grave y se asienta en causas, objetivamente, más peligrosas. Toda sociedad, ante el miedo, exige seguridad, sin importar el costo que haya que pagar por ella.