OPINIÓN

Cartas desde la ciudad: Puebla, pasado y presente

Para qué voltear hacia el pasado si toda su historia se condensa en nuestro presente

Juan Carlos Canales

Es profesor jubilado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP). Por más de veinte años condujo el programa radiofónico El territorio del nómada.

 
 
 

Jueves, Abril 16, 2026

A 495 años de su fundación, Puebla vive uno de los momentos más aciagos de su historia. Entre la fecha de su fundación y hoy corre una línea de continuidad política que no ha podido sacudirse: la del patrimonialismo y su deriva en el poder de las familias.

Pese a la mitología liberal con la que se le pretende recubrir, Puebla sigue siendo uno de los enclaves más conservadores del país, independientemente de las banderas que hayan ondeado en sus astas. Que no se nos olvide que la Reforma Universitaria no sirvió de nada. Que no se nos olvide que el avilacamachismo sigue cobrando sus reales en la Puebla contemporánea.

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Que no se nos olvide que fueron los propios liberales los que le dieron la espalda a Serdán. Que no se nos olvide que Puebla defendió el Imperio. Que no se nos olvide que el espíritu de Cádiz se topó aquí con un muro infranqueable. Que no se nos olvide que cerca de aquí operó un tribunal de la Inquisición contra judaizantes.

Que no se nos olvide que esta ciudad se fundó con el espíritu intolerante de la Contrarreforma. Somos una ciudad de súbditos, no de ciudadanos.  La modernidad ha sido la coartada para la destrucción lenta, sistemática, de la ciudad hasta convertirla en la ruina que es hoy, y para el enriquecimiento brutal de su clase política.

¿Haría justicia a la historia regresar su nominación a la Puebla de los Ángeles, en lugar de la Puebla de Zaragoza?  ¡No! Lo exacto sería nombrarla como la Puebla de los Demonios.

Para qué voltear hacia el pasado si toda su historia se condensa en nuestro presente. La historia es presente.

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