OPINIÓN

Reprimir como Díaz Ordaz, abrazar al narco como AMLO

Vivimos atados al pasado, el fantasma de Díaz Ordaz recorrió el Zócalo capitalino

David Córdova Tello

Licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM con maestría en Administración para la Seguridad y Defensa Nacional. Analista y consultor en seguridad, inteligencia y análisis político, especialista en análisis estratégico. Ha ocupado diversos cargos en instituciones como el CISEN, la Secretaría de Seguridad Pública y el INE.

Miércoles, Noviembre 19, 2025

La ejecución de Carlos Manzo detonó un repudio nacional que se ha extendido por diversos rincones del país, se quiera o no admitir. Ya habíamos señalado que podía convertirse en un parteaguas, y todo indica que así será.

Funcionó como detonante para activar la marcha de la Gen Z México el pasado sábado 15 de noviembre. Una marcha que, otra vez, quedó marcada por la violencia: el Bloque Negro boicoteando una movilización pacífica y los granaderos —que ya no son granaderos y ya no saben qué son— repartiendo golpes con saña.

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Como de costumbre, las narrativas nacionales se dividieron en polos opuestos que intentaron imponerse a codazos, emulando a granaderos y halcones digitales. Esta vez la realidad y la virtualidad caminaron juntas hacia la confrontación abierta, que lejos de contenerse, se intensificó.

El gobierno central, incapaz de entender las razones del hartazgo y sordo ante los reclamos legítimos contra la inseguridad, la impunidad y la corrupción, decidió atrincherarse y dio un paso más hacia la violencia contra críticos y opositores sin filiación partidista. Como no saben, no pueden, ni quieren escucharlos, prefieren invisibilizarlos, estigmatizarlos y agredirlos físicamente. Ahí están los videos —numerosos— que muestran un uso desproporcionado de la fuerza; y no, no son producto de la IA, otro de sus villanos favoritos.

En sus comunicados no han informado cuántos ciudadanos resultaron heridos o fueron trasladados a hospitales, ni cuántos detenidos hubo realmente —más de los cuarenta que consignaron oficialmente— e incluso hay fuentes que hablan de desaparecidos. El gobierno solo ha optado por victimizarse. ¿Por qué no dar un balance objetivo de los daños para ambas partes? Porque, para ellos, la Gen Z México no existe; es una entelequia fabricada por la derecha, dicen, aunque la realidad les contradiga. Llegaron incluso al extremo de consignar a algunos jóvenes por intento de homicidio.

En la marcha participaron los jóvenes convocantes de la Gen Z; integrantes del Movimiento del Sombrero —con la abuela de Carlos Manzo al frente—; médicos; padres de niños con cáncer; agricultores; comerciantes; miles de ciudadanos de carne y hueso hartos de todo; y por supuesto, los infaltables esquiroles del Bloque Negro, que aparecen siempre a conveniencia del gobierno y siempre protegidos.

Las muestras de rechazo se replicaron en aproximadamente cincuenta ciudades del país, todas en paz —sin episodios de violencia como en la CDMX—, ni siquiera en Michoacán donde el malestar social crece sin pausa. De esto no quiere hablar ninguna autoridad federal, y por algo será. Sería sensato reconocer que estas expresiones fueron auténticas, masivas y pacíficas. Pero desde el poder se niegan a ver la realidad.

Para justificar lo ocurrido, desempolvaron el guion de siempre: Calderón, Peña Nieto, el PRIAN, la derecha reaccionaria y la novedad “el complot internacional”. Cuando el enemigo interno ya no es suficiente, hay que inventar un patógeno exógeno, uno que no pueda defenderse porque simplemente no existe. Lo único que lograron fue revivir el recuerdo ominoso de Díaz Ordaz. La represión gubernamental fue el único pasado que regresó y que muchos creían enterrado.

La prensa internacional no tardó en cubrir lo sucedido: documentaron la violencia policial y señalaron que las movilizaciones fueron reales y participativas, destacando las consignas: “narcogobierno”, “fuera Sheinbaum”, y “Manzo no murió: el Estado lo mató”. Luego apareció Trump para rematar: dijo que “no está contento con México” por su combate al narcotráfico y añadió que el país enfrenta “problemas grandes”, tras referirse a la marcha.

Negar desde días antes el origen de la marcha de la Gen Z; minimizar su participación en el Zócalo; estigmatizarlos; tratarlos como incapaces de pensar por sí mismos; terminar golpeándolos y acusándolos de homicidas… todo eso es discriminación pura y, además, cruzar una línea peligrosamente inflamable. Les tuvieron tanto miedo y hablaron tanto de ellos que terminaron por darles más proyección y crear un Frankenstein político.

El “humanismo mexicano” con golpes y gases contra su juventud es una ironía cruel, especialmente para ciertos hijos del 68 que ahora gobiernan. Mientras tanto, la CNDH permanece inmóvil, como el apellido de su titular, sin notar que están fabricando lentamente su propia némesis.

Mientras tanto, los integrantes del Bloque Negro —los mismos que torpedearon la marcha y detonaron la represión policial, pero no contra ellos sino contra los manifestantes pacíficos— siguen tan campantes como Adán Augusto. La Gen Z cayó en la trampa y el mensaje gubernamental es claro: si te movilizas, ya sabes a qué te atienes. ¿De verdad podemos estar tranquilos y en paz en medio de semejante inestabilidad política y social de cara al Mundial?

Más allá de la Gen Z, la Conferencia del Episcopado Mexicano declaró que no puede permanecer callada ante lo que ocurre. La Coparmex denuncia que la violencia y la extorsión están desbordadas y ahogando la economía. El Plan Michoacán arranca entre bloqueos y violencia. Los agricultores olvidados siguen tomando carreteras. Las zonas devastadas por lluvias continúan desatendidas. Y hasta militares retirados anuncian una marcha por pensiones congeladas.

Pero en un universo paralelo, la presidenta Sheinbaum afirma que es “invencible” y que su gobierno está más fuerte que nunca. Soberbia y prepotencia instaladas en el poder, pésimas consejeras para encontrar soluciones reales. Entra aquí, como anillo al dedo, la proclama popular: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”.

El horizonte rumbo al inicio del Mundial de Futbol se oscurece inexorablemente. En lugar de atender las demandas del pueblo, llamar a la conciliación y apagar tantos fuegos, se dan pasos peligrosos en sentido contrario.

Posdata uno. En Bangladesh, un tribunal sentenció a muerte a la ex primera ministra Sheikh Hasina por crímenes de lesa humanidad, tras reprimir protestas estudiantiles en 2024 que dejaron 1,400 muertos. Hasina llegó a tener, en algunos momentos, aprobaciones superiores al 70%.

Posdata dos. Viene otra marcha convocada por la Gen Z el próximo jueves 20 de noviembre. Muchos cuestionan su estrategia y falta de articulación, pero el objetivo es manifestar su rechazo a la situación actual. Veremos en esta y otras movilizaciones futuras cuál será la respuesta gubernamental. Desconocer el malestar social no es la respuesta, mucho menos la represión.

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