Cacaxtla, Tlax/ a 20 de septiembre de 2016
Investigaciones especiales
Semana de Cacaxtla
Transcurridos cuarenta y un años de su descubrimiento fortuito, la zona arqueológica de Cacaxtla aún guarda los misterios de su origen, de su identidad y del legado pictórico que nos heredaron los olmecas - xicallancas a las nuevas generaciones para su descripción.
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El complejo arqueológico enclavado frente a la sierra nevada del Popocatépetl- Ixtaccihuatl fue descubierto, no por saqueadores, sino por vecinos de la cercana población de San Miguel del Milagro, en el estado de Tlaxcala.
Una mañana del 13 de septiembre de 1975, Manuel Vega Picil+ cazaba conejos, lo acostumbraba hacer con un palo a guisa de boomerang, lo lanzó y no le pegó al conejo sino a la tierra suelta que al golpe del palo se desmoronó.
Una serie de colores, un rostro furioso pintado de negro llamó la atención del campesino, se espantó y llamó al repique de campanas, para convocar al pueblo y compartir su descubrimiento.
Gran revuelo causó el personaje alado, en aquél entonces decían que era el diablo o que tal vez era la imagen antigua de San Miguel del Milagro, era un gran misterio su aparición.
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Lo cierto es que atrajo la atención de propios y extraños, llegaron especialistas el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que no acertaban a describir el origen de las pinturas murales prehispánicas.
En el transcurso de cuatro décadas, se ha establecido que esta zona arqueológica es evidencia del hombre prehispánico de Tlaxcala, en donde se ha especulado sobre la arquitectura o la orientación de los edificios y la astronomía.
Este sitio arqueológico cuenta con escritura pictográfica, es la que nos dejaron y realmente no se ha podido interpretar. Ese es el enigma que ha prevalecido en lo que llevan descubiertas las pinturas.
MENSAJES SIN DESCIFRAR
El arqueólogo Andrés Santana Sandoval ex director del complejo arqueológico Cacaxtla-Xochitecatl del INAH, comentó que esta herencia pictórica es muy valiosa y se puede equiparar con los jeroglíficos de Egipto.
Allá fueron descifrados gracias al descubrimiento de la piedra roseta escrita en tres lenguas distintas, pero eso aún no ocurre en Cacaxtla.
Hay confianza en que nuevos descubrimientos puedan arrojar información para abrir el panorama y poder descifrar este misterio, en tanto la pintura mural es analizada, interpretada o comparada, pero sin llegar al fondo real de su origen.
El reto es conservar el testimonio, el pensamiento prehispánico como el Personaje Ave, que se muestra en el mundo prehispánico como una posible representación del día.
Las fuerzas del nivel superior del cosmos, por la misma asociación con el ave, es la contraparte del Personaje Jaguar, que a su vez se asociaría a la noche.
Por los elementos que presentan, se les ha asociado con deidades de los agricultores de riego y temporal, aunque en las pinturas existen imágenes que se relacionan con la tierra, el agua y la agricultura.
En el Templo de Venus, evidentemente es la dicotomía hombre-mujer y sobresalen los grifos que hacen referencia a Venus son muy claros, es un astro dual y por lo tanto deben estar asociados a esa deidad.
La dualidad era muy importante en la época prehispánica, al igual que los personajes Ave y Jaguar, en este caso hombre-mujer.
El Templo Rojo puede ser una alegoría al resurgimiento de la vida, a partir de la muerte, donde es evidente el culto al cambio, a la muerte y donde queda de manifiesto que ellos no la veían como un lugar de castigo.
Mucho menos como la posibilidad de pagar por todo lo que se ha hecho mal, porque su visión era que la muerte era una parte de la misma vida y de ahí se podía resurgir, por eso surgen muchos mitos.
Quetzalcóatl muele los huesos de los muertos y de ahí crea la vida, entonces esta es una alegoría de este proceso que el inframundo surge de la vida.
Existen más pinturas en el piso del Templo Rojo, posiblemente tienen continuidad y se relacionan con el inframundo, mientras en los edificios de la parte alta del Gran Basamento hay evidencia de niños sacrificados.
Algunos glifos sugieren un recorrido histórico, llama la atención una representación de Teotihuacán en llamas o lo que también podría ser un incendio que origino el abandono de ese sitio.
En estas pinturas, poco conocidas, se repite lo mismo, es decir personajes sacrificados, descarnados y desmembrados es el equivalente y posiblemente se trate de ofrendas.
PINTURAS EN MOVIMIENTO
En los inicios del estudio de la pintura mural, se descubrió a una serie de personajes en movimiento al que se le denominó Mural de la Batalla, pero al paso de los años y de las investigaciones, Piña Chan interpretó que posiblemente se trata de un sacrificio.
No hay batalla, los perdedores no tienen armas en la mano, están en una actitud sumisa, no ofrecen resistencia, ya fueron cautivados, fueron hechos presos y en ese momento están siendo sacrificados.
Se trata de una secuencia completa, se puede apreciar de izquierda a derecha y tampoco se ha podido establecer cual de estos dos murales fue el primero en ser elaborado.
Lo cierto es que fue cuidadosamente protegido para que no sufriera daño alguno.
Cacaxtla contiene escritura, arquitectura, cerámica, escultura, evidencias de un pasado que son en realidad un testimonio por sus espectaculares ofrendas cuyo significado no se puede conocer a fondo, ese es el enigma.
Andrés Santana Sandoval reflexiona que Cacaxtla esta presente en los logotipos de las dependencias de cultura del gobierno estatal, en las placas de los automóviles.
En los vestuarios de grupos de danza regional, en artesanías y hasta en anuncios de empresas comerciales lo cual nos muestra el impacto que ha tenido en nuestra sociedad el conocimiento de estos testimonios históricos.
Sin embargo, maliciosamente preguntaría ¿por qué los tlaxcaltecas nos sentimos orgullosos de un conjunto de obras que insistentemente se nos dice, fueron creadas por un grupo que viene de la costa del Golfo (veracruzanos)?
¿Realmente que aportaron los habitantes de nuestro territorio a esa sociedad como para sentir nuestras las pinturas de Cacaxtla?, o ¿acaso solo somos buenos copistas?
“Mi opinión es que las respuestas a estas y otras preguntas aún son insatisfactorias debido a que se ha distorsionado, al sobrevalorar datos relativos a los olmecas y su llegada a Tlaxcala, así como los rasgos iconográficos foráneos, menospreciando la información sobre el desarrollo continuo de las sociedades que desde hace miles de años antes de nuestra era habitan este territorio”, refiere.
Se ha estudiado el significado de las pinturas desvinculado del conocimiento arqueológico de la sociedad que las creo, recurriendo finalmente a referencias históricas para explicar esta suma de datos.
La zona arqueológica que nos ocupa ofrece al investigador la posibilidad de aportar datos que pueden enriquecer el conocimiento de la cultura material de la sociedad que la construyó, la fisonomía de sus habitantes y de manera paralela nos permite conocer por medio de las pinturas su pensamiento, ideología e instituciones.
Cada una de estas vertientes de la investigación tiene sus técnicas, metodologías y medios para comprobar sus hipótesis, así como velocidades distintas para ofrecer resultados.
Sin embargo, las investigaciones en estos campos que se deben complementar, fueron entrecruzadas prematuramente, antes de contar con una visión de conjunto que permitiera orientar el rumbo a seguir después de los primeros resultados del trabajo arqueológico, que debió ser el eje rector de las investigaciones.
Involuntariamente se ha repetido el camino que dio origen en la primer mitad del siglo XX al concepto de la “cultura madre: los Olmecas de San Lorenzo, Tres Zapotes y la Venta, cuando todo aquello asociado o denominado olmeca se asimilaba como atributo de los creadores de esos monumentos, conformando un confuso corpus de información que requirió la realización en 1942 de la Segunda Mesa Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología para aclarar el panorama.
Ejemplos como el anterior son numerosos y bien conocidos por los arqueólogos, por lo que no abundaré sobre ellos.
El proceso que debieron seguir las investigaciones y a la luz de los datos arqueológicos, desde 1990 nos hemos esforzado en demostrar que Cacaxtla tiene una historia propia en el transcurso de la cual y solo durante un breve lapso de tiempo entre los años 800 y 1292 de nuestra era los olmecas xicalancas posiblemente se adueñan del lugar que ya había sido abandonado por sus constructores, lo convierten en fortaleza y finalmente lo abandonan presionados por los tolteca chichimecas que son sus últimos ocupantes.
LOS OLMECAS XICALANCAS: ¿CREADORES O DESTRUCTORES DE CACAXTLA Y SUS PINTURAS?
Para el mundo occidental Cacaxtla es conocida desde los primeros contactos entre las civilizaciones del Viejo y el Nuevo Mundo, ya que desde la Colonia ha sido visitada por hombres interesados en conocer el lugar, guiados por los lugareños que reconocían la importancia que tuvo para sus antepasados.
Si bien se le tenía registrada y fotografiada desde la primera mitad del siglo XX, en 1975 cambia el interés en magnitud y motivación, ya que por azar se encuentran las pinturas murales que conocemos, las cuales además de conservarse en buen estado contienen escritura y rasgos culturales ajenos al contexto regional.
Al intentar explicar el conjunto de datos aportados por las investigaciones arqueológicas, se ha recurrido a la iconografía y a las fuentes históricas, sin que hasta el momento contemos con una respuesta del todo satisfactoria. La ponencia se ocupara de analizar estas propuestas y el estado que guarda el conocimiento del lugar.
Durante el desarrollo de nuestras investigaciones de campo y gabinete en torno a Cacaxtla, hemos encontrado que existen significativas discrepancias entre los datos arqueológicos y las fuentes documentales, a pesar de las cuales algunos autores han atribuido erróneamente la construcción de Cacaxtla y la autoría de sus pinturas murales a los olmeca xicalancas (Santana; 1990a y 1990b).
El problema de origen es la persistente y tenaz atribución de la cultura arqueológica que conforman los materiales y monumentos de Cacaxtla al grupo histórico antes citado que es conocido por medio de documentos coloniales, ignorando deliberadamente los datos discordantes para dar origen así a una entelequia al parecer obvia e irrebatible.
Como un elemento que ejemplifica nuestra argumentación inicial basta citar que, después de cuarenta y un años de investigaciones, la iconografía característica del lugar no se ha encontrado repetida en materiales procedentes de Cholula, Chalco o algún otro asentamiento inclusive más cercano, sujeto a esta metrópoli regional "principal asiento y fortaleza de los olmeca xicalancas".
En la búsqueda de la explicación que requieren los materiales arqueológicos, se ha creado por asimilación, una cultura completa de composición étnica, lenguaje, arquitectura, estructura social, religión, territorio y metrópoli; sobre su génesis abundamos a continuación.
Descubierta la primer pintura mural en el lugar en 1975, la arqueología del Altiplano Central inmediatamente vio nacer la "Fase Cacaxtla" (Abascal et.al., 1975) periodo que fue incrustado en la periodificación de la región sin mediar nuevas investigaciones con datos que la justificaran como nueva propuesta; de esta forma, las pinturas y los materiales asociados a ellas ya tenían un ámbito temporal propio.
Sobre el contexto espacial del sitio, el territorio que ocupaban los olmeca xicalanca de Cholula, delineado por Kirchhoff, Odena y Reyes (1976; 257) en base a los datos contenidos en la Historia Tolteca Chichimeca y los Anales de Cuahutinchán, no incluía el área en donde se localiza Cacaxtla.
Esto no representó ningún problema para hacer compatibles los datos históricos con los arqueológicos y así, para 1986 (López y Molina; el territorio se hizo crecer con la finalidad de que el "principal asiento y fortaleza" de este grupo quedara incluido, subsanando así la “omisión” en aquellos documentos históricos.
En lo personal discrepo de este procedimiento, y considero que la información contenida en las dos fuentes citadas y en la Relación de Cholula (Rojas, 1927), donde se enumeran los pueblos sometidos a este grupo, (entre los cuales no se menciona Cacaxtla ni los pueblos tlaxcaltecas vecinos), debería de ser tan digna de crédito como la referencia en la “Historia de Tlaxcala” donde se describen el lugar y se le atribuye su autoría a los olmeca xicallancas, que al parecer ni siquiera lo conocieron.
Por ello considero que para la comprensión y adecuado estudio de la problemática de Cacaxtla, sus habitantes y el área circundante es imprescindible revisar la cronología local, ubicando correctamente los hechos registrados en los depósitos arqueológicos del sitio.
Así mismo, es necesario revisar la metodología que ha conducido a conclusiones incorrectas pues nos muestran un panorama aparentemente claro sobre el lugar, que en realidad está cimentado en la agregación mecánica de información en torno a un problema más que en la integración articulada de los datos.
Se ha explicado la totalidad por medio de una suma de las partes, confundiendo esto con un proceso de síntesis, ya que se ha basado en la ambivalencia en el manejo de algunos conceptos, conduciendo a confusiones.
¿TODOS LOS OLMECAS HISTÓRICOS SON XICALANCAS?
La problemática de Cacaxtla presenta varias vertientes, cada cual con sus propias explicaciones, que aparentemente la enriquecen con información, pero que en la realidad su uso inadecuado ha conducido a equívocos y confusiones (Santana; 1990a) e inevitablemente nos permiten vislumbrar el verdadero problema:
¿Quiénes son los autores de las pinturas murales? y, por otra parte
¿Quiénes son los olmecas xicallancas, cuál es su desempeño histórico en el área, sus atributos culturales, su ubicación en el tiempo y espacio y cual es su vinculación con el lugar?
Como punto de partida analizamos las características de esta asociación recurriendo a consultar la obra de Diego Muñoz Camargo (1948), en virtud de que en ella se describen las características del lugar (sin darle una denominación o topónimo), vinculándolo con los olmeca xicallancas, a quienes atribuye su ocupación en una época pretérita indeterminable.
Es importante citar que, según Meade (1985; 6) Muñoz Camargo escribe su obra alrededor del año 1576, o sea aproximadamente seiscientos años después de los hechos que presuntamente vinculan a Cacaxtla con ese grupo, lapso de tiempo mas que suficiente para enturbiar cualquier recuerdo.
Respecto a la credibilidad que podemos depositar en este autor y sus informantes, como punto de comparación que también son seiscientos años los que nos separan actualmente (2016) de la época feudal en Europa y del acenso al gobierno de los mexicas de su segundo Tehcutli: Acamapichtli.
Hechos que a pesar de su importancia, seguramente más del 90 % de nuestra población contemporánea seria incapaz de describir y ubicar en el tiempo sin ayuda de textos de referencia, de los cuales seguramente carecieron los informantes del autor citado.
Podemos afirmar lo anterior a partir de la información arqueológica que caracteriza a la región de Nativitas, ocupada por una población escasamente rural que vivía en cuevas antes de la conquista europea, la cual fue diezmada por esa guerra y posteriormente en 1520 por la primer gran epidemia de viruela que produjo una severa mortandad, que lo mismo mato a campesinos que a sacerdotes y gobernantes indígenas, depositarios de la autentica historia de sus pueblos.
A pesar de que varios autores consideran que las preguntas sobre quienes lo construyeron y cuando lo habitaron están ya contestadas gracias a dicho texto, en nuestro caso sostenemos que no es así, ya que al confrontar los datos arqueológicos con los históricos no presentan la imprescindible concordancia que probaría sin lugar a dudas que el lugar y los hechos que se le atribuyen forman una unidad.
El error radica en asumir literalmente como cierto todo lo afirmado en la "Historia de Tlaxcala" sin someterlo a un análisis crítico sobre las motivaciones y el contexto histórico social del autor y su obra, lo cual consideramos imprescindible para saber porque escribió, para que y para quién, como obtuvo sus datos y que intereses representaba en su sociedad entre otros aspectos.
Nacido alrededor de 1528, Diego Muñoz Camargo viajó en 1580 a Europa como interprete al servicio de la comisión de indígenas que se entrevistó en España con el Rey para solicitarle la expedición de varias cédulas reales, las cuales otorgarían privilegios especiales a los señores principales de las cabeceras de Tlaxcala.
En ellas actuó como interprete por la facilidad que le otorgó ser bilingüe por ser su madre indígena y su padre español, lo cual el rey Felipe II le reconoció.
Por ser hijo de conquistador y poblador recibía como privilegio la ayuda de costas y situación de quitas por merced y cédula real (Reyes, 1998a; 16).
Entre 1560 y 1592 escribió varios informes y reportes encargados como parte de sus actividades de funcionario público al servicio de los intereses de la nobleza indígena, y es a partir de esta información que fue acumulando conocimientos que posteriormente cobraron forma en el texto que hoy conocemos como Historia de Tlaxcala.
Es importante enfatizar que estos documentos al ser elaborados no obedecían a una vocación por conocer y conservar el conocimiento de los hechos del pasado ni pretendían ser objetivas obras de investigación y divulgación del conocimiento, pues tenían como finalidad probar el linaje de los nobles indios y sus derechos ancestrales como gobernantes sobre ciertos territorios, y en otros casos reportar la información que la metrópoli requería sobre los territorios recién conquistados.
Cuando el personaje regresó a la Nueva España fue nombrado procurador y consejero del gobernador indio local, cargo que ocupó durante catorce años, y posteriormente participó en las misiones de colonización en el norte de la Nueva España (Meade, 1985).
A través de su vida, Muñoz Camargo estuvo asociado al gobierno español en Tlaxcala como teniente de alcalde mayor e interprete de la corte, fungiendo a veces como apoderado de indios o de españoles; así mismo fue encargado de las limosnas de Cruzada y fue terrateniente, comerciante en bienes raíces, administró el mesón de la ciudad y con su hermano administró ranchos, comerciando con los productos derivados del ganado.
Si bien al parecer en su vida gozó de distinciones y privilegios, también padeció episodios desfavorables, como aquel en que incluso el rey Felipe II dispuso se investigaran sus cuentas y las de los cuatro representantes de los Señoríos con los cuales viajo a Europa, pues algunos indios se quejaron de que se les impusieron gravosos tributos para costear dicho viaje, y que además el cobro se prolongó posteriormente de manera injustificada.
Al leer la "Historia de Tlaxcala" con mirada crítica y con las reservas anteriormente citadas, no parece extraña la actitud que refleja el autor al escribir mostrándose como alguien conocedor de la historia de los indígenas pero ajeno a ellos, ya que es evidente que en sus intereses y expectativas se identificaba más con los hispanos que con los nativos.
En los capítulos referentes a la conquista por ejemplo, hace clara distinción entre los españoles, a quienes llama “los nuestros”, y sus amigos tlaxcaltecas:
"...llegados los nuestros y puestos en ordenanza a donde debían ser recibidos, llegó Xicotencatl a abrazar a Hernando Cortés y hacelle la salva como en efecto lo hizo..." (Muñoz, 1948; 200).
“…Habiendo pues acabado Cortés un negocio tan heroico y arduo de haberse convertido por su orden y mano los cuatro Caciques y cabeceras de Tlaxcalla, …para que ansí mismo viniesen en conocimiento de Dios y de la verdadera lumbre de nuestra Santa Fe…” (Ibíd.; 223)
“…corrió la fama por toda la tierra hasta México, donde puso horrible espanto, y mas en ver y entender que los Tlaxcaltecas se habían confederado con los dioses, que ansí generalmente eran llamados los nuestros en toda la tierra de este Nuevo Mundo…” (loc. cit.; 224)
“…Los Tlaxcaltecas, nuestros amigos, viéndose en el mayor aprieto de la guerra y matanza, llamaban y apellidaban al Apóstol Santiago…” (Muñoz, 1998; 212)
“…Como nuestros españoles y los de Tlaxcalla hubieron conseguido tan grande victoria y tomada la ciudad de Cholula, y quedando por misericordia, prosiguieron su viaje a la ciudad de México…”(ibid; 213)
Los investigadores que para el caso de Cacaxtla le conceden una credibilidad absoluta al autor asumen la filiación étnica que le atribuye a los habitantes del lugar y que este efectivamente fue su principal asiento y fortaleza, sin reparar en que cuando se comenzó a construir (aproximadamente 350 años antes de Cristo) los olmecas xicallancas aún no ponían un pie en Tlaxcala.
Tampoco hacen referencia a las afirmaciones del mismo autor donde señala que antes del arribo de los olmecas el actual territorio de Tlaxcala estaba despoblado, lo cual bien pudo ser ocasionado precisamente por su amenazante presencia, ya que esta bien documentada la presencia de pobladores en la región desde épocas remotas.
Las investigaciones arqueológicas realizadas desde los años sesenta en la región han demostrado que aproximadamente 8,000 años antes de la construcción de los monumentos que hoy conocemos como Cacaxtla el territorio tlaxcalteca ya estaba habitado.
En la introducción de la edición 1998 de la "Historia de Tlaxcala", Reyes García refiere que su autor, al recurrir a varios documentos indígenas y coloniales como fuentes de información, se enfrentó a las naturales contradicciones e imprecisiones que presentan los datos que consignan un autor y otro, motivando que incluso el propio Muñoz Camargo se justificara con las siguientes palabras:
"...Habiendo inquirido y buscado mucho tiempo, con curiosidad y cuidado, la venida de estos naturales ansí entre los antiguos y modernos y de dónde hayan tenido origen y principio, siempre he hallado grandes contradicciones en ellos propios, tan discordes y diferentes, que hay muy pocos que puedan atinar a hacer verdadera relación dello..." (Reyes, 1998b; 47).
Ello es comprensible porque además del carácter etnocéntrico de los relatos, estos fueron recopilados y redactados para que sirvieran como documentos probatorios que exaltaban las cualidades de los caudillos tlaxcaltecas y sus seguidores con la finalidad de fundamentar y reafirmar los derechos que defendían frente al gobierno colonial, ajeno a su historia.
Sin restarle méritos a la obra de Muñoz Camargo es evidente que esta se basó en informantes y fuentes diversas cuya confiabilidad es incierta, siendo además matizada por la percepción del autor y los intereses que representaba al elaborarla.
Es por ello que la información que contiene su obra debe ser corroborada con otras fuentes de información, como es en este caso la arqueología, antes de reconocerle una veracidad plena.
En lo personal, mi conclusión es que en el caso de Cacaxtla los datos disponibles nos indican que los olmecas xicallancas no fueron los constructores del lugar.
Además, el propio autor refiere que el grupo que nos ocupa fue expulsado del área, motivo por el cual la veracidad de sus informantes es incierta ya que no forman parte del mismo.
A partir de la relación establecida por estos autores entre el lugar y los olmecas xicallancas, los especialistas que se han ocupado de investigar sus pinturas murales y el contexto de estas han asumido como cierto este vínculo.
Sin embargo, de manera contradictoria, encontramos que un argumento recurrente en la bibliografía relativa a Cacaxtla, incluso de los mismos autores citados, es aquel que caracteriza a los olmecas xicallancas como un grupo poco conocido, y por ello existen grandes dificultades para comprender y estudiar el lugar.
Tal argumento toca el punto toral de esta disertación: no conocemos suficientemente Cacaxtla, a diferencia del grupo al cual se le ha vinculado.
A partir de estas fuentes de información y de trabajos de campo recientemente efectuados en aquel momento, hacia la década de los años cuarenta, la comunidad antropológica se planteó la necesidad de hacer un balance de las aportaciones que paulatinamente había acumulado las investigaciones de la época.
La conclusión de estos trabajos fue que los olmecas históricos son cuando menos dos grupos bien diferenciados: los popoloca-mazatecos llamados nonoalcas y los nahua-mixtecos llamados olmeca-xicallancas.
De esta forma, se ha fechado el conjunto de hechos narrados por las fuentes documentales y sus implicaciones por medio del material arqueológico que a priori ya ha sido vinculado a un grupo histórico, antes de ser ubicado en su contexto objetivamente.
Por estos motivos desde hace cuatro décadas se asume como explicación oficial que Cacaxtla es la capital de los olmecas xicallancas, cuyo origen es la costa del Golfo de México y que en este lugar concurren rasgos culturales mayas y de otras áreas ajenas a la poblano-tlaxcalteca, ubicando todo ello y la construcción del Gran Basamento antes del año 750 de nuestra era.
Con el antecedente de las precisiones contenidas en los estudios ya citados, consideramos que si bien algunos de estos rasgos pueden ser atribuibles a los olmecas xicallancas y aparentemente ofrecen explicaciones sobre Cacaxtla, sus habitantes y sus obras.
En realidad deben de ser manejados considerando sus diferencias de índole geográfica, cronológica y cultural, además de que la vinculación de Cacaxtla con este grupo en particular a nuestro juicio se sustenta exclusivamente en la relación que les atribuye Muñoz Camargo en el siglo XVI, que no ha sido comprobada.
¿AUTORES O DESTRUCTORES DE CACAXTLA?
Desde nuestro punto de vista, los olmeca xicallancas fueron los invasores que expulsan a los autores de los vestigios que actualmente conocemos, los cuales erróneamente les son atribuidos; ya hemos señalado (Santana, 1990b; 30) que los últimos niveles arquitectónicos del Gran Basamento, evidentemente asociados a una coyuntura social en el lugar y a su abandono, corresponden a un periodo ligeramente posterior al año 792 d.C.
Un elemento que para el caso es de suma importancia lo constituye la continuidad en las tradiciones culturales manifiestas en Cacaxtla (pintura mural, arquitectura y cerámica), desde la fase Tezoquipan hasta la Texcalac temprana, las cuales se rompen alrededor del año 800 d.C.
Los datos anteriores muestran que desde el inicio de la ocupación de Cacaxtla (350 años a.C.-100 d.C.) hasta la cercanía del 800, solo en este ultimo momento es evidente una ruptura cultural, al igual que en otros lugares, misma que esta asociada a la aparición de la cerámica Azteca I y las cerámicas policromas.
En el transcurso de este lapso de tiempo, durante fase Tenanyecac (100-650 de nuestra era) ocurre el periodo de mayor desarrollo del lugar.
Mi opinión es que la amenazante cercanía de los olmeca xicallancas alrededor del año 800 fue la que obligo a los habitantes y constructores de Cacaxtla a abandonar el lugar.
Sus conquistadores y los subsecuentes habitantes lo transformaron posteriormente, al igual que el Bloque Xochitecatl-Nativitas-Nopalucan, en fortaleza hasta su expulsión en épocas posteriores.
De ser cierta esta hipótesis, los olmecas xicallancas no son los autores de las pinturas murales y sus edificios, sino los responsables de su abandono.
En realidad, las pinturas murales reflejan la organización social y la historia del grupo que los antecedió en la ocupación del lugar, del cual adquirieron por asimilación algunas de sus instituciones sociales, que implantaron en Cholula y con las cuales los asociamos actualmente.
CONCLUSIONES
Si asumimos como verídicos los numerosos datos que fechan el arribo de los olmeca xicallancas alrededor del año 800 d.C. y que el abandono de Cacaxtla ocurre aproximadamente en ese mismo momento, la incógnita se reduce a quienes fueron los habitantes de Cacaxtla antes de esa fecha y por lo tanto los autores de las pinturas.
Jiménez Moreno (1942) preciso una diferenciación dentro de los llamados olmecas históricos al subdividirlos en paleo olmecas y neo olmecas.
Según este autor, los paleo olmecas eran popolocas y mazatecos, los identifica con los primeros nonoalcas y vincula su cultura material con Teotihuacan III, IV y V, mientras que los neo olmecas eran hablantes de mixteco "nahuatizados", y son identificables por medio de las cerámicas Azteca I, Cholulteca I y Cerro Montoso.
Por nuestra parte los materiales arqueológicos provenientes de las exploraciones en Cacaxtla y sus alrededores nos condujeron a concluir que pertenecieron a parte del sustrato proto olmeca xicalanca que Chadwick (1966; 10) cita como presente en Teotihuacán.
Posiblemente los olmecas xicallancas llegan a las cercanías de Cacaxtla alrededor del año 800 y establecen relaciones con sus pobladores que les son afines, subordinándose a ellos en un principio para posteriormente rebelarse y asumir el control político y social (Santana; 1990a).
De esta manera, concluimos que los constructores del conjunto del Gran Basamento y sus pinturas fueron los mazateco popoloca denominados también nonoalcas (hablantes de lengua bárbara o extranjeros), anteriores a los grupos también denominados así que emigran a Centroamérica.
Estos primeros nonoalcas formaron parte de un sustrato cultural antiguo y ampliamente difundido durante el periodo Clásico cuando habitaron en Teotihuacán, posteriormente en Tula y finalmente en el área de Puebla Tlaxcala, donde fueron conquistados y expulsados por los olmeca xicallancas, cerca del año 800 de nuestra era.
Los olmecas a su vez son expulsados por los tolteca chichimecas aproximadamente en el año 1292 d.C.
Nuestra conclusión es que deben reconsiderarse las interpretaciones que sobre Cacaxtla se han vertido, debiendo ubicarlo como un centro local de filiación teotihuacana y la iconografía contenida en las pinturas y otros materiales debe asociarse a un grupo mas antiguo; por ello no presentan semejanzas con la pintura mural de Cholula, centro vinculado históricamente de manera más clara con los olmecas xicallancas.
Así, también podemos afirmar que la iconografía peculiar de Cacaxtla perteneció en su origen a una sociedad más antigua y quizás parte de ella la asimilan los xicallancas al adueñarse de la región.
Además de estos problemas con los documentos históricos que se refieren a Cacaxtla, también tenemos el grave deterioro que han sufrido las pinturas murales en los últimos años.
Por los motivos anteriores concluimos que necesitamos profundizar en la historia de la zona arqueológica y para que nos auxilien en esa tareas, propuse y fue aceptada la creación de la “ASOCIACIÓN DE AMIGOS DE LA ZONA ARQUEOLOGICA DE CACAXTLA”, para lo cual convocamos a los ciudadanos tlaxcaltecas a participar para promocionar, difundir y proteger su patrimonio.